Decimoquinta tarea: Crónica interpretativa

Metrobús: Una historia de nunca acabar


Ante la reunión definitiva entre el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) y el grupo "Mota Engil" sobre el futuro del Metrobús, el accidentado proyecto que parece imposible terminarlo, realizamos un recorrido -igual de aparatoso- por las distintas etapas de este.





En marzo de 2016, el Ministerio de Obras Públicas, a cargo en ese entonces por Ramón Jiménez Gaona, adjudicaba el muy conocido proyecto del "Metrobús", del que ya se hablaba durante el gobierno de Fernando Lugo y que por la constante inestabilidad del periodo en el que se propuso, se tuvo que esperar a la gestión de Horacio Cartes para que este tenga un responsable que lo lleve a cabo: Mota Engil, una empresa constructora portuguesa con experiencias exitosas a nivel internacional. El Metrobús contaría con 18,5 Km. de trayecto y en 22 meses estaría finalizado.


Sin embargo, los problemas no se harían esperar. En primer lugar, sorprendía a muchos el cambio de los vehículos eléctricos que planeaban utilizar -aprovechando la abundancia de este recurso en nuestro país-, por los vehículos movidos por combustible fósil, hecho que jamás fue aclarado por los responsables.

En segundo lugar, y apenas superada esta situación, se puede mencionar la polémica generada en San Lorenzo, debido al rechazo de los "frentistas" en los distintos tramos que propusieron. Finalmente, cuatro meses después, dos kilómetros del trayecto original se descartaban ante esta negativa. 

Considerando que el conflicto en San Lorenzo ya retrasó un par de meses el inicio, los ecos de protesta no cesaron en ningún momento. Los comerciantes no veían con buenos ojos el manejo del proyecto. Desconfiaban de los análisis socioeconómicos, de la calidad del trabajo de la empresa y, por si fuera poco, dudaban de que el trabajo se finalice a tiempo.

Este temor -y a la vez rumor- no paraba de crecer a medida que se realizaban las comparaciones con el cronograma y la realidad. En julio de 2017, el trayecto construido debía ser de cerca del 50 %, llegando este hasta Calle Última, sin embargo, ni siquiera el tramo San Lorenzo -ya recortado- no se encontraba hecho en un 7 %. Las construcciones previstas para ese abril en Asunción, fueron aplazadas a inicios del 2018, año en cuyo tercer mes se debía presentar finalizado el trabajo.

Las lluvias azotaban la zona -muy precaria- de construcción y el malestar se reflejaba en lo social, por el notorio repudio de los ciudadanos al lento avance de la obra y en lo económico, por el notable perjuicio a los locales que, según cálculos de los comerciantes -sobrevivientes- manifestantes, se traduce en casi 200 negocios cerrados y US$ 3 millones de dólares en pérdidas.

La decadencia en las relaciones crecía a medida que lo hacía el retraso con la entrega. En marzo de 2018, fecha prevista para la culminación de la obra, esta llevaba 18 meses detrás de lo programado, que era justificado por la empresa con dirigir la culpa al gobierno de no habilitarle el espacio y los fondos necesarios, aunque el MOPC accedió al pago de US$ 20 millones de más que solicitó Mota Engil.

El punto cúlmine de esta infructuosa relación se dio con el aviso dado por la misma constructora de que no finalizarían para fin de año -nueva fecha de entrega- y que por dicha razón abandonaban el proyecto el mismo 13 de agosto que avisaron. El gobierno entrante tuvo que enterarse el 16 de ese mes por sus propios medios, ya que la gestión anterior no advirtió del aviso, que a día de hoy arrastra demasiados complicaciones al nuevo director de la cartera, Arnoldo Wiens, quien exigió a Mota seguir con los trabajos hasta el 19 de octubre, fecha en donde se buscará dar algún tipo de fin a una historia que aparentemente no tendrá uno... feliz. 

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